Dyson Zone: un ejemplo de “no hacer”
El proyecto Dyson Zone es perfecto para distinguir cuándo tenemos que parar, aunque tengamos la posibilidad de hacerlo.
En este vídeo cuento mi conclusión de por qué el hype hizo lanzar un proyecto que debía haberse quedado en el imaginario.
Transcripción del vídeo:
(Transcripción automática literal, recomiendo ver
En este vídeo voy a hacer una autopsia del hype de un proyecto muy concreto, el Dyson Zone.
El hype, el COVID parece que va a cambiar nuestra forma de actuar en espacios públicos y Dyson decide lanzar este producto a un precio de casi mil dólares y lo hace en ciudades con mucha polución: Nueva York, Londres, Tokio o Shanghai. La gente empieza a comprarlo, empieza a probarlo y es aquí cuando viene el batacazo.
Lo primero, pesa muchísimo, es realmente incómodo. Cuando llevas 10-15 minutos usándolos ya empieza a doler la cabeza e incluso el cuello, sin hablar de lo ridículo que es tener un exoesqueleto que parece traído de una película futurista. Pero además, cuando empezamos a filtrar el aire se escuchan las turbinas y molestan, bajan el precio a más de la mitad y en 2025 deciden dejar de venderlos.
Este es un claro ejemplo de ingeniería maximalista, de sobreingeniería. Queremos meter en un único producto diferentes soluciones. A veces puede funcionar, pero si es tan incómodo y tan ridículo a lo mejor no es buena idea.
Estudiando el proyecto me di cuenta de que hay un conflicto entre dos de los cinco principios de la inteligencia del filósofo Aristóteles. Uno de ellos es el TECHNE, la capacidad de fabricar algo. Dyson, por supuesto, tiene experiencia más que demostrada fabricando elementos de muy buena calidad. Pueden hacerlo, pero este TECHNE hace conflicto con la PHRONESIS.
La PHRONESIS de saber decir que no, de rechazar la fabricación o la creación de algo. Si la empresa se deja llevar por su propio sesgo de confirmación —"esto tiene que funcionar y al final la gente lo va a comprar"— lo que estamos haciendo es fomentar esa diferencia entre el TECHNE y la PHRONESIS. Justo esta prudencia, esta sabiduría de "aunque pueda aquí no voy a entrar", es lo que trabajamos con los equipos en Museum of Failure Institute.
Hoy en día tenemos muchísima tecnología, mucho más barata que el desarrollo de elementos tan complejos como este, pero que a futuro podría tener un coste demasiado alto. Pero tampoco nos podemos paralizar, tenemos que estar al día. "Puedo hacerlo pero no me merece la pena llevarlo a cabo" o "puedo hacerlo y me compensa implementarlo".
Me cuesta creer que Dyson no hiciera pruebas de uso, incluso que los usuarios dijeran "no es del todo cómodo". Decidieron arriesgarse y darle al botón. En este caso salió mal.
Pero bueno, es simplemente un análisis que nos ayuda a reflexionar y que por supuesto nos trae un elemento, no sé si de culto, pero por lo menos súper interesante y que recomiendo probar. Y nada más, hasta el siguiente vídeo.
